martes, 23 de septiembre de 2014

Los ataques militares de EE.UU. sobre Ar Raqqah y Abou Kemal o el inicio de la guerra caliente en Medio Oriente

En la noche del lunes 22 de septiembre 2014 las fuerzas aéreas de los EE.UU. han iniciado un ataque al oriente de Siria sobre los bastiones  de Ar Raqqah, Abou Kemal, Dayr az Zaur y Al-Hassaka del Estado Islámico de Irak y Levante (EIIL). En días pasados el presidente Obama había anunciado la intervención militar contra posiciones en Irak y en Siria. Lejos de buscar una cooperación militar o de tener incluso contacto con el gobierno de Damasco, la estrategia de Washington fue de colaborar con la “oposición moderada” siria, ergo el Consejo Nacional Sirio en el exilio. También se encargaron de no entrar solos, pues viene con sus aliados árabes, específicamente Arabia Saudita, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos (EAU),  Jordania, y Qatar, además de la participación de Turquía, con lo que Obama insistía repetidas veces que no va sólo a la guerra.

El presidente sirio Bashar Al-Assad por su lado afirmo que toda intervención de la armada de EE.UU. en territorio sirio sería considerada una agresión contra la nación. Y por lo tanto además de constituir una violación de leyes internacionales, es una negación de la soberanía siria, que no caduca, aunque el territorio esté ahora mismo administrado por una organización islámica fuera de control. Tanto Al Assad, como el canciller Wualid Moualem, fueron abiertos a un compromiso en el afán de erradicar el terrorismo, un esfuerzo que se está llevando desde al menos tres años por parte del estado sirio. Los rusos a su vez replicaron que esta intervención era una clara violación de las leyes internacionales, y que era necesario que ésta fuera consultada con el gobierno de Damasco. Al parecer la embajadora ante las Naciones Unidas,  Samantha Powers le hizo llegar un aviso a su par sirio Bashar Jaafari horas antes de que está inicie la operación. De este modo quien diga que el gobierno sirio no supiese de los ataques.

 La estrategia de Obama va en realidad mucho más lejos que lo que quiere mostrar, puesto que por un lado dicen que formalmente están yendo tras los milicianos del estado islámico, pero a la vez aprovechan curiosamente la oportunidad para reforzar su ayuda material y financiera a los grupos armados considerados moderados. Estos deben ser según ellos hacer frente no solo a las fuerzas islámicas del frente al nursa y del EIIL, sino que a la vez al gobierno opresor  de Damasco, del cual deben de liberar el país eventualmente. Es tal que la verdadera razón aquí es de lograr lo que el verano pasado no se pudo, la intervención militar directa. Obama buscó el pretexto del EIIL, para de ahí salir a Iraq, y porque no, de ahí a Siria, puesto que la organización se encuentra en ambos lados de la frontera. Sin embargo todo este tortuoso argumento sirve para apoderar a los grupos que numéricamente están  a la baja, y que necesitan de nuevo un fuerte influjo de dinero y armas para revivir. Estos grupos estarán en un inicio empujados a conquistar territorio tomado por el Emirato, para ellos ser los nuevos administradores, que en la medida que se fueran expandiendo, en la guerra contra el ejército regular, conquisten el  país, con la misma semblanza que fue en Libia. Siendo apoyados por  varias naciones árabes, que en este caso suplen la legitimización ante el mundo musulmán, y con el apoyo tácito de Occidente, sería una cuestión de tiempo, que el gobierno de Bashar Al-Assad capitule.

Viendo en retrospectiva parecería que hubo una cierta intencionalidad tanto por parte de EE.UU., pero también de Turquía o las monarquías del Golfo,  de tolerar y a veces ayudar a las fuerzas anti-assad, sin considerar el riesgo que esto podría acarrear. Arabia Saudita y Turquía son en primer lugar responsables del auge de este nuevo actor. Ellos con el afán de debilitar a Assad no vieron que los resultados a menudo no son lo que se esperaba. Ahora que se ha asentado en las principales ciudades del norte de Irak y el oriente de Siria, viene la culminación, pues de ahora en adelante es un deber de la alianza contra el EIIL, de derrotar a sus antiguos mercenarios ahora fuera de control.

La guerra ahora si ha comenzado de nuevo en Medio Oriente, con la activa presencia de fuerzas armadas de EE.UU., Bahréin, Qatar, y los EAU entre otros, la militarización se ha vuelto regional, y la persistencia de Occidente de poner en pie un régimen nuevo en suelo sirio, cueste lo que cueste. Tras tres años de guerra civil que no han girado en la dirección correcta, es hora de ayudar de forma más evidente imposible, la oposición va y tiene la obligación de ganar esta guerra, esto es lo que queda más claro que el agua. Que el cinismo llegue a niveles inauditos, donde un contacto informal entre dos embajadores acreditados ante la ONU, nunca va a ser equivalente a una verdadera cooperación o colaboración tácita del invadido, esto más que una falacia, es una provocación pura y dura.

 De pasó está que cuanto más inestable sea esa zona mejor, pues para quien esté lejos del estallido, no hay bien que por mal no venga. Hay venta  de armas, flujo de dinero, y razones de poder para volver una vez más a una economía de guerra, cuando la recesión está más que presente en EE.UU. y en otras tantas economías europeas occidentales que simplemente no salen del hoyo. Como todo este mundo es multicausal, ni siquiera son los luchadores por la liberación  siria de la tiranía, quienes importan, aquí,  ni mucho menos la presencia de un estado islámico sui generis, sin reconocimiento, a dos lados de la frontera común sirio-iraquí. Nada de eso es, es la ulterior voluntad de los regímenes imperialistas, de derrocar al presunto dictador, porque fueron mandados a hacerlo por fuerzas superiores. Visto que aquí está tomando demasiado tiempo, con un poco menos de elegancia, tuvieron que meter mano, antes de que perdieran sus huestes enteramente.  

La agenda de Occidente es siempre fue el “regime change”, y referido a lo anterior, demasiado tiempo se buscó una aparente solución política, como para justificar el acto final. Si lo que importa es el resultado, y no el orden de los factores, se buscó la forma de entrar ahí sin pedir permiso, y a como fuerza de vanguardia contra el gobierno legítimo. Como no se pudo de forma directa, hubo que dejar que un estado islámico se asentara ahí, para entonces recuperar el control del territorio, y finalmente entregarlo en bandeja a la mal llamada oposición moderada. Sea quien fuera, su suerte no será más que temporal, sino véase lo que pasó en Libia e imagínese hasta dónde se puede llegar aquí.